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Valle del Pedernal

A pocos kilómetros del límite con la Provincia de Mendoza, al oeste de Media Agua en el Departamento de Sarmiento (San Juan), se dibuja un valle recostado en el pedemonte de la Cordillera de Los Andes al que se lo denomina El Pedernal.

En este sitio hay gente asentada desde hace 150 años, cobijados en el puesto o estancia conocida como El Durazno.

Esta antigua zona fue testigo de la presencia de la cultura de los huarpes. Su paso obligado por el valle se debía al traslado que hacían desde Calingasta hasta las Lagunas de Huanacache, en la Provincia de Mendoza. Restos de esta civilización han sido encontrados en el lugar, que bien puede transformarse por el contexto que encierra, en un complejo agro-turístico de primer nivel.

Hablar de El Pedernal es hablar de un mundo nuevo en el paisaje de la viticultura argentina a partir del año 1994. Aquí la acción del hombre conjugó clima y suelo para potenciar las variedades de alta calidad enológica. El esfuerzo transformó un rincón de árido paisaje de suaves pendientes en verdes paños de viñedos.

El Valle del Pedernal es sinónimo de presente y futuro. En él se reúnen óptimas condiciones para obtener grandes vinos de estilo refinado y carácter definido.

Ubicado a 1340 m de altura sobre el nivel del mar, presenta veranos templados con noches muy frescas. Las amplitudes térmicas entre 18 y 20º C permiten la formación de polifenoles, taninos y color, obteniéndose vinos con buena estructura.

Los suelos son pobres, con 20-40 cm de suelo franco-limoso-pedregoso, lo que limita la expansión vegetativa de las plantas y por consiguiente, bajan su rendimiento. La precipitación media anual es escasa, apenas 150 mm y la provisión de agua de riego es de vertientes propias, que nacen en el Cerro del Tontal. Se ha instalado la tecnología del riego por goteo y de ella depende la vida de los cultivos.

Los cepajes implantados en esta zona hablan de su perfil, que se insinúa como aristocrático: Chardonnay, Sauvignon, Semillón, Pinot Noir, Cabernet Sauvignon, Malbec, Merlot, Syrah, que con rendimientos entre los 80 a 120 quintales por hectárea, según variedad, dan como resultado vinos de extraordinaria calidad.

Sin embargo sería interesante que la potencialidad de la región cobije sólo algunos de ellos -al estilo de las grandes regiones francesas- como pueden ser Syrah, Merlot y Pinot Noir entre los tintos y Chardonnay y Sauvignon, entre los blancos.

Los vinos provenientes de este terruño buscan un perfil, sin tratar de parecerse a otros vinos del mundo. Tienen una arquitectura propia, adaptados o no al mercado internacional según la conveniencia, pero por sobre todas las cosas, aprovechando los cimientos de la región con potencial para una denominación de origen.

En estos últimos años se están produciendo cambios significativos en La Argentina vitivinícola, que empiezan en el viñedo y terminan en la tecnología de bodega. Dentro de esos cambios está la búsqueda de nuevos horizontes vitícolas, donde el Valle del Pedernal está incluido. Montañas, pendientes, cielo, terruño, hombres: todo reunido en este rincón sanjuanino donde nobles cepajes son caracterizados por la geología, la topografía y el clima.

 

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