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Lenguaje de degustación

El lenguaje de la degustación

Fruto de una sinfonía química, el vino es un producto noble que, al igual que todas las materias vivientes, esta sometido al ciclo del tiempo.

El año de cosecha indica el año de su nacimiento. En un primer momento es joven, y luego se vuelve adulto, alcanza la madurez y sigue hasta declinar y morir. En este último estado el vino se califica de envejecido o quebrado.

Principalmente cuatro sentidos participan en la degustación:

  1. La vista.
  2. El olfato.
  3. El gusto.
  4. El tacto.

El placer de los ojos

En una copa incolora, indispensable para apreciar los matices del vino, examinamos en primer lugar su color y aspecto. Se ve brillante, resplandeciente o al contrario mate o velado.

El color de los vinos tintos cambia con el pasar de los años de un rojo violáceo hacia tonos púrpura, rubí bermellón y que a su vez se vuelven ambarinos y finalmente atejados.

Los vinos blancos pueden ser de color amarillo muy pálido o más sostenido, matiz limón, reflejos dorados o casi verdes. Al envejecer, estos vinos de larga guarda son de color oro viejo o cobrizo.

Al girarlo lentamente en la copa, el vino deja en las paredes piernas que afirman la presencia de glicerol (un constituyente natural) que produce untuosidad y redondez o bien de azúcar residual como en los grandes vinos blancos de Sauternes.

Bouquet de aromas

Un vino se descubre en primer lugar por su nariz o sea por sus aromas, florales o frutales en función de los perfumes dominantes. En los blancos encontraremos ananá, manzana, membrillo, mango, pomelo rosado en el caso de los sauvignon, y olor a pan tostado y miel en los chardonnay más maduros.

Los tintos a veces florales son habitualmente frutados, bayas rojas o negras caracterizan la juventud, transformándose luego en "bouquet", el encanto de los vinos maduros, en los cuales uno encuentra los notables aromas de nueces, tabaco, trufas, de cuero y de caza.

Las revelaciones del gusto

La estructura

El vino se califica de "caliente" o se dice que quema cuando es muy alcohólico. La acidez y los taninos conforman el nervio, el cuerpo que puede ser liviano, caso frecuente de los tintos muy jóvenes, o amplio, rico, sólido, generoso o armonioso cuando todo se funde en una redondez agradable, típica de las grandes añadas o de los vinos muy maduros.

La duración en boca significa la persistencia gustativa en las papilas.

El sentido del tacto registra la armonía y el buen paso del vino por la boca.

Los vinos que conviene beber mientras jóvenes, son ligeramente ácidos, frescos, livianos, vivos y nerviosos.

Los vinos de guarda se califican de duros, astringentes en los primeros años, para luego ablandarse y dar entonces los mejor de sí mismos.

La fineza y la agradabilidad de un vino es la sumatoria de las delicadas sensaciones que percibe cada uno de los sentidos. "El vino es la más sana, alegre y cordial de las bebidas".

La degustación

La degustación requiere un esfuerzo de concentración. Por descontado desde dos horas antes conviene abstenerse de fumar o tomar café. También es importante no utilizar colonias o perfumes que puedan molestar sobre todo a los demás degustadores.

Los perfumes pueden llegar a crear serios problemas, pero se debe ser intransigente: una mano perfumada no sólo impregna la copa que está tomando sino que falsea la percepción olfativa de los degustadores cercanos.

Decía Pierre Poupón que degustar es leer un libro lentamente, frase a frase, para captar todo el contenido; degustar es escuchar un concierto en el más profundo recogimiento; degustar es contemplar una obra de arte, cuadro, escultura o monumento, dejándose impregnar por sus formas y colores; degustar es abrir los ojos al espectáculo maravilloso de la naturaleza; degustar es sentir el cuerpo relajarse sobre la arena de una playa soleada; degustar es estar disponible de sí mismo y del universo. En resumen, saber degustar es saber vivir.

Por eso los "10 consejos para una mejor amistad con el vino".

Recuerde que:

El mejor vino es aquel que le gusta a usted. Desafíe y premie a su buen gusto.

 

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