Encepado Vitícola (2)

Ultimo período

El consumo de vino, aún mediando algunas complejas crisis periódicas, fue registrando fuerte aumento que obligaba al crecimiento de las implantaciones. Por entonces varios factores influyeron para que se cumplieran esos requerimientos de grandes producciones.

Mejoraron las condiciones del suelo y sobre todo su nivelación; esto obligó a mejoras en la distribución del agua. Se comenzó a desbrozar terrenos profundos, arenosos; se hicieron perforaciones que aseguraron una provisión generosa de agua, empleando sistemas automáticos de distribución, se dejaron de lado las espalderas bajas y se adoptó el parral tradicional en San Juan, se distanciaron las plantas para facilitar una gran expansión vegetativa que permitió valores extremos de carga. Las consecuentes grandes producciones fueron "aguantadas" por los cepajes criollos con la "mezcla". Por aquel entonces, a principios de los 70, el gran consumo era de vino tinto y rosado con pretensiones de tinto. En las transacciones se exigía no descender de una tonalidad que dio en llamarse "color Buenos Aires". Este hecho tiene a mi entender una gran importancia pues pone en evidencia la percepción empírica de la calidad, inmanente en el humano. La teoría está sustentada por el hecho de que siendo muy débil el color que se logra de esos cepajes rústicos; éste debía ser reforzado con ciertas proporciones de caldos de cultivares tintas. La que estaba suficientemente difundida como para desempeñar este rol de "muleta", era el Malbec y éste, con el color transmitía su gran calidad que de alguna manera era masivamente apreciada y en consecuencia exigida.

En aquel tiempo al amparo de facilidades crediticias e impositivas se llevan a cabo en poco tiempo enormes implantes y prácticamente todos ellos de cepajes rústicos (uvas mezclas). Seguidamente de fines del 70 a fines del 80 se experimentó en el consumo, una clara preferencia por los vinos blancos lo que obligó a "inventa" el "escurrido" para seguir usando la "mezcla". Esta "moda" duró hasta hace pocos años ya que al presente vuelven a preferirse los tintos.

En el ínterin sobrevino una enorme crisis de superproducción de la que se está emergiendo recientemente. La disminución universal del consumo a la que localmente no son ajenas entre nosotros, la baja calidad de esa producción masiva y la competencia de la cerveza y las gaseosas, junto a otros factores socioeconómicos, condujo al levantamiento de más de cien mil hectáreas. Se pierde allí una buena parte del patrimonio de variedades finas por sus bajas condiciones vegetativas, sanitarias y productivas. Se desvanece así, la posibilidad de recuperación de un valioso material genético constituido por líneas o formas que revividas por cuidadosas selecciones, hubieran ofrecido alternativas productivas interesantes.

De todas formas, las Experimentales de INTA en Mendoza y Rama Caída produjeron algunas selecciones masales que difundieron material de buena vegetación y producción de cepajes como Chenin; Sauvignon blanc, Chardonnay; Malbec; Merlot; Syrah; Sangiovese, que contribuyeron a respaldar el proceso de estos últimos años en que se retomó la producción de vinos finos.

Continuos éxitos en certámenes internacionales y una creciente presencia en mercados foráneos evidencian por fin, la potencialidad cualitativa que ofrece nuestra ecología a los clásicos cepajes finos.

Los trabajos, en ese sentido en la EEA Mendoza de INTA continúan en desarrollo, atendiendo, además en el aspecto sanitario mediante test virológicos.

Encepado Actual

Cuando hablamos de encepado vitícola argentino, nos referimos mayormente a la región cuyana de Mendoza, San Juan y al noroeste argentino pues allí se concentra más del 90% de los viñedos.

Un importante grupo de cepajes fue importado de Francia. No se guarda una información clara sobre el arribo de las distintas cultivares que, sin ninguna programación con bases ecológicas fueron difundidas en las distintas áreas. La influencia de los inmigrantes europeos casi exclusivamente italianos y españoles en al introducción de cultivares varios es indudable. Probablemente se trató de introducciones individuales, que en pocos años pudieron ser difundidas con una profusión en relación con sus condiciones de adaptación, rusticidad y producción.

Podríamos hablar de unas pocas variedades que constituyen el grueso de la producción: Criolla grande; Cereza; Moscatel rosado; Malbec; Tempranilla; Bonarda; Pedro Ximenez cuyano; Sangiovese; Cabernet sauvignon; Merlot y hasta unas 60 variedades que alcanzaron alguna importancia económica, sólo en determinadas áreas o aún propiedades. A más de estas 60 variedades, hemos llegado a reconocer unas diez a quince cultivares prácticamente sin importancia económica por no hallarse en cuarteles completos pero que son muy conocidas por la gente de viña. Por su escasa importancia comercial no se ha trabajado en determinar su identificación con el correspondiente cepaje europeo y se mantienen con su nominación local que alcanza tonalidades folklóricas y algo de añoranza, pues son entidades en vías de desaparición.

En una cartilla, en parte dedicadas a ellas se trata de fijar su definición ampelográfica. Entre las más difundidas podremos citar: Bastardo; Canela; Canelón; Cesar; Huevo de gallo; Moscatel amarillo; Santa Paula. A éstas debemos agregar al menos dos entidades, también descriptas cuya presencia se ha puesto de manifiesto con motivo del Censo Vitivinícola de 1990 más difundida de lo que se pensaba y con nominación no siempre uniforme. A una de ellas se la llamaba por error Grignolino. En la cartilla mencionada se propone reconocerla localmente bajo el nombre de Pedro Razzano, productor con mayor extensión del cepaje. Para el otro, con denominaciones imprecisas, se propuso el nombre de Blanca Oval.

Debemos ahora referirnos a cuatro o cinco cepajes importantes en Cuyo y en el Noroeste argentino cuya identificación con sus correspondientes europeos no ha sido plenamente aclarada. El conocido Pedro Gimenez ampelográficamente diferente al Pedro Ximenez español, el más importante en la producción de los vinos que dieron en llamarse "blancos de blancas", porque los otros son escurridos de mezclas. Este cepaje es muy conocido en Cuyo y de fácil identificación por varios caracteres ampelográficos muy resaltantes. Alguna vez se lo creyó relacionado con la Blanca temprana de Almería, pero a pesar de su parecido, importantes diferencias lo separan. Está demasiado difundido en Cuyo y demasiado conocido como Pedro Gimenez o P. Jimenez o P. Ximenez, como para cambiarle de nombre aunque se hallara su identidad europea, por eso, se ha convenido en nombrarla Pedro Gimenez Cuyano. No creemos que pueda ser considerado como una criolla, aunque no existen antecedentes sobre su introducción y su presencia en Cuyo y en otros lugares del país con distintos nombres.

La Tempranilla es una variedad también muy difundida en Cuyo. Tampoco tenemos antecedentes precisos sobre su arribo al país pero ha podido ser identificada con el importante cepaje español conocido como Tempranillo; Cencibel; Tinto del País; Tinto Fino. Últimamente está siendo buscado por las firmas en relación con exitosas exportaciones de su vino.

El cepaje conocido en nuestro medio como Bonarda; ocupa así mismo amplias áreas de viñedo; sólo y en mezcla con uva "francesa". No ha podido ser identificado con ninguna de las Bonardas italianas y en cambio P.Truel la halló igual a Corbeau, nombre que estaría oficialmente aceptado; pero como se trata de un cultivar demasiado importante y conocida localmente como Bonarda, es difícil intentar modificar esa denominación popular.

El caso del cepaje conocido como Lambrusco también muy importante en Cuyo, desmiente esa posición. Oportunamente fue establecida su verdadera identidad como Sangiovese y hoy esta denominación ha reemplazado en buena medida a la de Lambrusco.

Por fin existen otras tres cultivares conocidas entre nosotros como Torrontés. De ellas sólo una está bastante difundida mayormente en el Noroeste Argentino, aunque hoy también es importante en Cuyo. Las condiciones cualitativas de sus vinos, en estos últimos tiempos son ampliamente reconocidas y tienen ganados numerosos galardones en concursos internacionales. En los años cuarenta en la Experimental Mendoza de INTA fueron reconocidas tres entidades que pudieron ser ampelográficamente separadas con precisión. Una dio en llamarse localmente Torrontés sanjuanino; otra; la más importante, Torrontés riojano, por estar en La Rioja más difundida con antelación y la tercera sin mayor importancia económica ni méritos cualitativos, Torrontés mendocino conocida primitivamente en Mendoza como Uva Palet y muy difundida en Río Negro con la errónea denominación “Loca Blanca”, probablemente con una pretendida intención de identificarla con la Folle blanche francesa. El llamado Torrontés sanjuanino tiene hojas bastante parecidas al Torrontés riojano pero sus racimos son diferentes. Ambas son aromáticas, pero el Torrontés sanjuanino muestra algunos problemas enológicos y actualmente su presencia está muy disminuida. En Mendoza fue conocida en varios viñedos del este como Moscatel romano y en Chile, es productora de Pisco, como Moscato de Austria, según comparaciones efectuadas en Mendoza con material traído de la vecina nación. Algunos quieren ver esta doble presencia y la indefinida antigüedad en Cuyo del Torrontés riojano y tal vez del Torrontés sanjuanino como una paridad coetánea con las Criollas, pero la falta de formas diferentes, al menos no señaladas hasta ahora hacen dudosa esa posibilidad. Hay antecedentes extranjeros que muestran que la necesidad de esa categoría de vino es mundial y no solamente local.

Fuente:

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