Bodegas y Regiones

Historia de Bodegas y Regiones, por el Dr. Rodolfo Reina Rutini

En un intento de dar una simple idea de la gesta vitivinícola mendocina, me referiré a la personalidad de algunos de sus partícipes, sin que ello signifique en ningún momento una clasificación por méritos o importancia con respecto a los que no nombré.

La Bodega de los González Videla, ostenta con orgullo el emblema "Fundada en 1840". La obra iniciada por Don Juan González Troncoso, fue continuada por uno de sus hijos, Don José Benito y su nieto Don Carlos González Pinto, quienes plantaron y acrecentaron los viñedos de Panquegua Departamento de Las Heras, transformando poco a poco los antiguos sistemas de elaboración de vinos, los que en los comienzos mandaban al litoral a lomo de mulas y en carretas.

Posteriormente Don Carlos González Videla, consolida la actividad vitivinícola con ampliaciones de la bodega y nuevos viñedos en el Este, donde también construye una Bodega. La de los González Videla es una de las pocas firmas realmente antiguas que siguen en manos de los sucesores de sus dueños originales , en este caso la preside la Señora Florencia Curth González de Cavanagh, descendiente de aquel Troncoso que llegara a Bs. As. a fines del siglo XVIII.

Don Segundo CORREAS, nació en Chile por contingencias políticas de su padre Don Hilario Correas, de antiguo tronco mendocino, quien lo trajo a Mendoza de 4 años, alrededor de 1850, haciendo luego uso del derecho a optar por la nacionalidad argentina. Hombre de actividades económicas múltiples, emprendedor y creador nato, se dedicó a negocios de hacienda, en sus campos de cría de San Carlos y San Rafael, la que luego era llevada en pie a Chile. También realizó plantaciones de viñas en San francisco del Monte, en las tierras que pertenecieron a Don Tomás Godoy Cruz, y luego adquiriera su suegro Don Julián Aberastain. En 1883 transforma el molino de los Aberastain en bodega, convirtiéndose con el pasar del tiempo en productor de excelentes vinos, los que vendía por traslado. -Para ello contó con la inestimable ayuda de su socio Don Florencio Reboredo, perteneciente a conocidas familias de Buenos Aires y Tucumán, quien se casó con su hija Modesta, ocupándose de acrecentar los viñedos y ampliando la bodega, la que sigue en manos de su nieto Don Florencio Reboredo Correas. El establecimiento vitivinícola que fundara en 1870 Don Honorio BARRAQUERO, ubicado en las actuales calles Brasil y San Martín de Godoy Cruz, fue una de los más importantes de la provincia. En 1892 es destruido totalmente por un incendio, produciendo una pérdida de dos millones de pesos, no estando asegurado. A pesar de ellos, su propietario inicia la titánica tarea de reconstruirlo . Fotos de 1910 la vuelven a mostrar como un pujante establecimiento . Don Honorio Barraquero fallece en 1898, después de haber ocupado y importantes cargos públicos, Presidente de la Municipalidad, Diputado Provincial y Presidente de la cámara, Concejero del Banco Nación, etc. Luego de un interregno, lo sucede su hijo, también Honorio. Julián su hermano, se destaca en el Congreso Nacional en el tratamiento y propuesta de una serie de proyectos de leyes vinculados con la vitivinicultura, el fraude vínico y los impuestos internos. Esta bodega ya no existe.

El apellido BENEGAS, en el campo vitivinícola, es símbolo de perfección, de selección de variedades y mejoramiento de métodos de elaboración, son cabeza de elaboradores de champagne y vinos finos. Habían optado por la calidad en lugar de la cantidad. Nada fue obra de la casualidad sino el resultado del amor a la tierra y el trabajo constante en busca de la perfección. La gesta la inició Don Tiburcio Benegas, rosarino, quien llegó joven a Mendoza, casándose con una hija de Don Eusebio Blanco, hombre destacado quien ya poseía viñedos rústicos. La compra de aproximadamente 250 has. en el actual Trapiche, posibilitó que Benegas pusiera en juego su capacidad creativa, la que fue acrecentada varias veces por sus hijos, en especial por Don Pedro Benegas, quién dedicó 50 años de su vida a traer nuevos cepajes, adaptarlos, injertarlos, seleccionar caldos, experimentar diversos sistemas de fermentación y refrigeración, etc. Todo esto lo aprendió en la vida, viajó mucho, estudió en Francia, visitó los EE.UU. de Norteamérica, Argelia y toda Europa. De la tercer generación de los Benegas siguió con la Bodega, el Trapiche, Raúl y Federico entre otros, y en Buenos Aires, Alberto y otros familiares. Los años se fueron ocupando de desgastar la obra, desperdigándose a mediados de este siglo la sociedad anónima, no así el ejemplo y las enseñanzas que legaron a la vitivinicultura.

Don Francisco GABRIELLI llega a Mendoza con alma de agricultor por haber sido tradición en su familia y especializado en el trabajo de cueros por haber estado durante 5 años en un regimiento de caballería. En Cuyo pone un negocio de su especialidad, la talabartería, pero no deja por ello de adquirir en Luján un pequeño viñedo con su bodega, asociado con su cuñado Don Luis Baldini. Posteriormente adquiere el establecimiento de Don Elías Villanueva en Luzuriaga y prestigia a la marca Tupungato. Sus hijos, comenzando por Don Octavio y seguido por Carlos, Andrés y Francisco, consolidan la actividad vitivinícola y la expanden hacia Buenos Aires. Esta Bodega hace algunos años fue vendida, y sufrió los inconvenientes de las crisis cíclicas de nuestra economía.

Don Balbino ARIZU, natural de Navarra ( España ), en 1884 comienza una modesta actividad vitivinícola, al que se va acrecentando con la ayuda de sus hermanos Clemente y Sotero y luego Jacinto, la que se plasma en un magnífico establecimiento vitivinícola ubicado en el Departamento de Godoy Cruz, lo que fue la Sociedad Anónima Bodegas Arizu. Clemente fallece joven. Los otros hermanos Arizu plantan extensos viñedos en Maipú y Luján para luego acometer la ciclópea tarea de plantar alrededor de 3.000 has. de viña en Villa Atuel, Departamento de San Rafael, ganadas al desierto y construir una enorme bodega con capacidad suficiente par elaborar esas uvas y las de propiedades vecinas. Son a la vez pioneros en la elaboración de champagne y vinos embotellados. La obra de los hermanos Arizu es proseguida por sus herederos hasta la década del ‘70, en que ceden su paquete accionario.

Don Lorenzo VICCHI fue creador del principal establecimiento vitivinícola ubicado en la ciudad de Mendoza, en calle Belgrano al 600, donde ocupaba un importante solar, que tenía 46 Has. de viñedo con frente a esa calle entre Arístides Villanueva y Sobremonte. Se preocupó de hacer venir nuevos agricultores a los que ayudaba a instalarse. Con el pasar del tiempo se extiende su acción a Medrano, departamento de Junín, vendiendo en 1913 sus viñedos y bodega de Mendoza para ser titular de 273 Has. de viña y de una bodega en el Este. Lo ayudan sus hijos mayores José y Emilio y luego el Ing. Juan. Uno de sus hijos, Adolfo, fue gobernador de Mendoza, embajador en distintos países.

En 1884 arriba a Mendoza un ex soldado de Garibaldi, Don Antonio TOMBA, italiano de Valdagno, luego de casi una década de trabajar en distintos lugares de nuestro país. Al poco tiempo contrajo enlace con Doña Olaya Pescara, comenzando a actuar en el campo vitivinícola, contando con la ayuda de sus hermanos, a quienes hizo venir de Italia, entre ellos se encontraba Domingo, con quien posteriormente constituye la sociedad Antonio Tomba y Hno. Los viñedos se multiplican y se expande la Bodega ubicada en la intersección de las calles San Martín y Rivadavia de Godoy Cruz. La salud de Don Antonio se resiente, falleciendo en 1899, durante un viaje que realizaba a Europa en busca de mejoría. La sociedad se disuelve quedando importantes fincas en poder de sus hijos y viuda. Domingo Tomba prosigue la obra iniciada por su hermano, aumentando la capacidad de la Bodega de Godoy Cruz y adquiriendo una nueva en El Sauce. Las distintas crisis vitivinícolas se encargan de ir menguando la fortuna, pasando su integridad a manos de terceros. La comisión liquidadora de la S.A. termina vendiendo la misma a El Globo S.A., continuadora de la Germania S.A., teniendo participación activa en ellas los Señores Hilario Leng y Robert W. Roberts.

A principios de la década del 80 llega a Mendoza Don Pascual TOSO, natural de Canale D’Alba, Piamonte, donde realizó sus estudios primarios y secundarios. Previamente estuvo en Buenos Aires, donde se dedicó al negocio de importación, principalmente de vasijas de roble para uso vitivinícola. Allí contrajo enlace con Doña Catalina Albertolli, con quien tuvo 7 hijos, todos mendocinos. En 1890 inicia sus actividades en la industria vitivinícola, asociado con Bautista Gargantini bajo la razón social "Toso y Gargantini". La primera bodega la instalan ese año en San José, de Guaymallén. Posteriormente se incorporan parientes a la actividad, Don Juan Giol, cuñado de Don Bautista Gargantini y los hermanos de Don Pascual Toso, Juan y Sebastián. Poco tiempo después esta sociedad se divide, Gargantini y Giol inician sus actividades en común, a la que me refiero por separado, continuando Don Pascual Toso y sus hermanos en San José como "Toso Hnos". Al fallecer Don Juan Toso, Pascual y Sebastián se separan de mutuo acuerdo, quedando el primero en la antigua Bodega de San José, la que a través de sus descendientes continúa hasta nuestros días, siendo líder en la elaboración de champagne, moscato D’Asti y vinos finos. En 1890 plantan los primeros paños de una finca de 200 Has. ubicada en la localidad de Buena Nueva de Guaymallén, cercana de la Bodega. Posteriormente se expanden adquiriendo una propiedad, en Barrancas, Maipú a principios de siglo y construyen en ella otro establecimiento vitivinícola. En estos inmuebles se preocupó Don Pascual de reproducir los mejores cepajes europeos y especialmente los del Piemonte, que él mismo importó. Al margen de la actividad vitivinícola, tuvo diversas iniciativas tendientes a fomentar el progreso del departamento. Ocupó varias veces el cargo de consejal y con López de Gomara fue uno de los fundadores de la Villa Nueva de Guaymallén en 1896. Intervino y fue uno de los organizadores de la militancia italiana que se puso a disposición del gobierno argentino cuando casi estalla un conflicto bélico con el vecino país por el problema de la Patagonia. También fue presidente del Tiro Federal Argentino. Don Pascual falleció en su pueblo natal en 1929 en una de las visitas que anualmente hacía. Sus hijos, nietos y bisnietos se han ocupado de proseguir su obra y acrecentarla.

ESCORIHUELA, un apellido con reminiscencia vitivinícola, aquilatado por el esfuerzo de varios españoles notables y sus descendientes, los que continuaron sus obras para dar lustre a la vitivinicultura de Mendoza. En 1884 Don José Díaz Valentín adquiere un terreno en Godoy Cruz, donde inicia su actividad vitivinícola, 9 años después, asociado con Don Miguel Escorihuela Gazcón adquiere, 320 Has. de viña con bodega en Rodeo de la Cruz, otras en Guaymallén, Junín y Rivadavia las que totalizan 888 has. En 1899 Don José Díaz Valentín vende su parte a Don Miguel Escorihuela Gazcón, quien posteriormente en 1920 cede la empresa a sus parientes y colaboradores, los Sres. Miguel Escorihuela Julián, Francisco Calvo, Pedro Olivié, Gregorio Julián y Joaquín Ceñellas, dando origen en definitiva a la Sociedad Anónima Escorihuela, la que en la actualidad sigue siendo fuente de calidad y seriedad.

Los nombres de Juan GIOL y Bautista GARGANTINI están ligados a la historia de la vitivinicultura mendocina como creadores de la bodega de mayor capacidad del país y en algunos momentos del mundo. Don Juan Giol nació en Vigonovo, provincia de Udine, Italia, llegó a Mendoza en 1887, trabajando en labores vitivinícolas en Godoy Cruz, en el Alto Godoy y Guaymallén, para continuarlas luego en la bodega que comienza a construir en Maipú asociado con su cuñado Don Bautista Gargantini, originario de Suiza. Ambos habían sido socios de Don Pascual Toso en su bodega de Guaymallén. En 1909 construyen otra bodega en Rivadavia, acompañada por 260 Has. de viña, y a principios de 1910 adquieren un tercer establecimiento en Russel. En 1911 se separa de Don Bautista Gargantini, constituyendo la S.A. Bodegas y Viñedos Giol con el apoyo del Banco Español del Río de la Plata. Posteriormente adquiere la Bodega de Antonio Dacomo y Cía., ubicada junto a la Estación de Gral. Gutierrez, comunicándola con su establecimiento principal con cañerías metálicas aéreas. De allí en más su afamada marca TORO fijará rumbo en los mercados vitivinícolas. Una vez cumplida su obra, Don Juan Giol resuelve regresar a Italia en 1915, quedando el establecimiento modelo en poder del Banco Español del Río de la Plata. En su país natal llega a tener 3.000 Has. de tierra cultivable, falleciendo en 1936. En Mendoza sigue su obra privada uno de sus hijos, Don Humberto Giol, ya fallecido, y sus nietos. La S.A. es adquirida por el Gobierno de Mendoza en 1954. Los descendientes de Don Bautista Gargantini también llegan a crear un emporio vitivinícola en Rivadavia y Tunuyán. Lamentablemente ningún vínculo económico queda entre estos señores y la obra comentada.

Al finalizar el siglo XlX Don José LOPEZ funda en Gral. Gutiérrez una Bodega, la que sería luego sinónimo de calidad en vinos finos. Sus máquinas proceden de las mejores fábricas europeas, son modernas y sencillas. La razón social la constituyen los hermanos José, Rafael y Federico López, españoles. Tiempo después Don José queda como único titular. En 1910 ya elaboran de 20 a 22.000 Hl. y así también aumenta la extensión de viñedos propios ubicados preferentemente en la zona de Maipú. Con el pasar de los años quedó al frente de la bodega Don José Federico López, figura señera de la vitivinicultura nacional, luchador por los principios federalistas y de pureza en la industria. Se preocupó por el interés común, entre otras cosas fue socio fundador y presidente del Centro de Bodegueros de Mendoza. Adquirió viñedos e implantó otros con variedades finas en zonas elegidas por sus características ecológicas. Amplía la bodega y tecnifica todos sus procesos. Extiende su actividad a Buenos Aires y otros puntos del país donde en algunos de ellos instala plantas de fraccionamiento. Actualmente, gozando de sus consejos y línea de conducta, le continúan sus hijos José Federico y Carlos, participando ya los bisnietos de los fundadores en la tarea de mantener bien alto el nombre y la marca.

Don Ángel FURLOTTI, llegó a Mendoza en 1893, después de probar suerte en Buenos Aires, donde desembarcó en 1884. Había nacido en Parma en 1868, traía el entusiasmo de los creadores de la riqueza fruto del trabajo. Eligió el camino de la vitivinicultura, primero trabajó para terceros, luego fue atendiendo sus propios viñedos, llegando sus descendientes a acrecentarlos en más de 2.000 Has. Alquiló una Bodega en Luzuriaga y posteriormente compró otra en carril Ozamis de Maipú, la que sirvió de base para el actual establecimiento que junto con las plantas de fraccionamiento en varias partes del país, tenían una capacidad de alrededor de 40.000 Hl. Para todo ello contó con el apoyo de su esposa, Doña Adalgisa Meli y la de sus hijos, en especial Don Arturo, cabeza de la Sociedad Anónima Angel Furlotti durante muchos años, con sus hermanos Atilio, Esteban, Mario, Roberto y Medardo. Lamentablemente esta sociedad tampoco pertenece más a los sucesores de Don Ángel.

La importancia de Conegliano como centro de estudios vitivinícolas marcó el destino de Don Luis TIRASSO, quien vino a Argentina a los 20 años, en 1882, fundando la Bodega Santa Ana en 1891, en los primeros tiempos asociado con Carlos Kaless. Fue uno de los pioneros de la elaboración de champagne y del jugo de uva, en la bodega ubicada en Villa Nueva de Guaymallén. También se destacaban sus vinos finos Medoc, Sauternes, Pinot, Málaga, junto con el Jeréz y el Oporto. Su actividad la prolongó a San Rafael donde contaba con extensos viñedos y un segundo establecimiento. En 1928 falleció Don Luis, siendo luego rematados sus bienes, habiendo quedado la Bodega Santa Ana en manos de la firma Basso Tonnelier.

Edmundo James Palmer NORTON, nacido en Inglaterra en 1865, fue un ingeniero que llegó a la Argentina para trabajar en el tendido de líneas del ferrocarril, entre otras la del Ferrocarril trasandino, lo que lo hizo residir en Mendoza, donde conoció a Doña Juana Suárez, con quien se casó. A fines del siglo pasado Norton se instala definitivamente en Mendoza, planta viñas y construye el primer cuerpo de la Bodega. Fue pionero en el cultivo de la vid al sur del Río Mendoza (Pedriel y Agrelo), con otro socio inglés el Señor Grant Dalton, quien en los comienzos lo acompañó en su aventura, el que más tarde regresaría de Inglaterra. Norton al desvincularse de los ferrocarriles y dedicarse exclusivamente a los vinos, siguió cultivando la amistad con las autoridades ferroviarias británicas, lo que hizo que sus vinos fuesen los únicos que por muchos años se sirvieran en los comedores de los trenes. Luego la Sociedad Anónima fue dirigida por Ricardo y Alberto Santos.

Un bufón hacía sonar una enorme trompeta frente a la vinería, era de la Superiora, cuyo propietario Don Manuel LEMOS, estaba iniciando a la vitivinicultura en una nueva y novedosa gestión promocional. Abrió una sucursal en cada barrio, popularizó y jerarquizó el vino. Nació en La Romallosa, Galicia. Murió en Mendoza en 1946, luego de más de 50 años de haber comenzado su acción vitivinícola, primero en Russell, extendiéndola luego a San Juan. Fue un creador de vinos, difusor de ellos. Escribió algunos trabajos sobre el vino, su industria y su poesía. Fue benefactor de la comunidad que lo rodeaba. Lástima que la imagen de la Superiora se haya desteñido con el pasar del tiempo, probablemente extrañando a aquél que le diera luz y fuerza, Don Manuel Lemos.

En 1901 Don José ORFILA crea la sociedad "Luz y Fuerza" de Orfila y Cía. llamada a dotar a Mendoza y a su industria de un precioso fluido capaz de iluminarla y mover los motores de sus industrias, entre ellas las de la vitivinícola. La primer usina se ubica en el departamento de Godoy Cruz. En 1910 ya contaban con corriente eléctrica las Bodegas Barraquero, Arizu, Escorihuela y la Germania. Don José Orfila había nacido en Mahón, España, en 1865. En 1905, atraído por la actividad vitícola, paralelamente a su actividad industrial, compra un solar ll|amado "El Molino de San Martín", ubicado en Los Barriales, Departamento de Junin, instalado a instancias del Gral. San Martín, para la molienda de trigo destinada a la producción de pan de la Villa San Martín, el que haría funcionar con la fuerza que producía la cascada de agua de un canal derivado del matríz San Martín, denominado en aquella época Acequia de la Patria. A la actividad vitícola de Orfila se agrega luego la vinícola, la que continúa en otras tierras donde también planta olivos. Sus continuadores, entre ellos el Dr. José Orfila, hombre público relevante, y luego sus nietos, se encargan de especializar la actividad vitivinícola, en la elaboración y conservación de vinos finos, los que se colocan actualmente en el país y en el exterior.

El matrimonio compuesto por Don Antonio PULENTA y Doña Palmina Spinsanti y un pequeño vástago, Quinto. Llegaron a Mendoza al inicio del siglo XX. Primero trabajaron la viña en Carrodilla luego en Godoy Cruz para pasar a San Juan, donde en 1914 ya iniciaban una modesta empresa familiar con tierras propias, plantación de viñedos y elaboración de vinos. En 1924 muere Antonio y su familia que se había acrecentado, eran 9 hijos, 5 de ellos varones, se proponen continuar la empresa de sus padres bajo la conducción del mayor, Quinto. En 1930 Quinto con su familia propia se instala en Buenos Aires donde comienza una paulatina penetración en el mercado de los vinos, con constantes ampliaciones de las plantas de elaboración en San Juan y fraccionamiento en Buenos Aires. En 1941 la empresa Pulenta Hnos. pasó a llamarse Peñaflor S.A.y en 1944 se decide la construcción de un nuevo establecimiento en Coquimbito, Maipú. Posteriormente se extienden a otros mercados, vinos finos, aguas minerales, granos, vacunos y leche. Actualmente se encuentran en San Juan, Augusto; en Mendoza, Antonio y en Buenos Aires, Alfredo. La firma Peñaflor es una de las líderes en la venta de vinos comunes y finos en el país y también en la exportación de vinos y mostos concentrados.

Cuando don Otto Rodolfo SUTER y su esposa Ana llegaron a la ciudad de Mendoza, desde su Suiza natal, de donde habían salido en 1897, se enteraron de la existencia de las tierras que rodeaban al antiguo fuerte San Rafael. No se amilanaron ante los 250 Km. que tenían que recorrer en carreta para llegar a San Rafael donde fundaron su nuevo hogar de trabajo. Allí lo atrajo la vitivinicultura, la llevaba en la sangre. Al despuntar el siglo molió precariamente las uvas. Pinot Blanco de cepajes traídos por colonizadores franceses unos años antes, dando lugar al primer vino elaborado por un suizo en suelo argentino. Al año siguiente comienza a plantar los primeros barbechos, siempre secundado por su abnegada esposa. La llegada del ferrocarril amplía sus posibilidades, hizo traer de Suiza barbechos que luego darían origen a su vino Riesling, como también cepas de las variedades Malbeck y Merlot. Realizó experimentos de injertos en sarmientos para mejorar sus viñedos. Construyó una pequeña bodega que dirigió personalmente. La fama de sus buenos vinos llega primero a la capital de Mendoza y de allí siguió camino a Buenos Aires, donde se consagran definitivamente. Ya contaba para ese entonces con la ayuda de sus hijos Emilio, Federico y Juan, quienes cada uno en sus momentos, supieron continuar la obra de Don Otto y de Doña Ana. La pequeña bodega de Suter crece constantemente, especializándose en vinos finos, estacionados en sótanos frescos y vasijas de roble francés, los que son apreciados no solamente en el país sino en el extranjero donde obtienen galardones. Los nietos de aquel matrimonio suizo siguen la tradición vitivinícola de sus abuelos.

El desafío de nuevas tierras en San Rafael, atrajo a Don Valentín BIANCHI, quien había arribado a nuestro país en 1910. Allí, luego de grandes sacrificios, logró plantar viñedos de cepas seleccionadas, adaptadas a las características climáticas y suelo de la región. No se conformó con las buenas uvas, sino que las elaboró, añejando su vino en la bodega que había hecho construir. Orgulloso de su obra quiso hacerla conocer en Buenos Aires y en todo el país, llevando sus vinos a la Capital, los que tuvieron marcado éxito, dando lugar a marcas de prestigio basado en su calidad, ubicadas entre las primeras del país. En 1968 falleció inesperadamente en su país natal. Su obra no se ha interrumpido, gracias al aporte de la sangre nueva de sus familiares, ahora especialmente de sus nietos. Tuve la oportunidad de conocer y tratar a Don Valentín Bianchi al final de sus días, recuerdo su espíritu jovial, su desinterés, sus deseos de ayudar a la comunidad y en especial a las entidades vinculadas con los temas vitivinícolas, los que discutía con pasión y ecuanimidad.

Don Nicolás CATENA, originario de Le Marche, Italia, adquiere a comienzos del siglo XlX, sus primeras 10 Has. de tierra en Rivadavia provincia de Mendoza. En ellas planta los primeros viñedos, ya en 1916 comienza a elaborar vino con su propia uva. En 1928 la firma se ha ido expandiendo y su hijo Domingo Catena inicia la venta de vinos en casco en la provincia de Santa Fe. En 1942 Don Nicolás constituye una Sociedad Anónima, la que se convierte en una de las empresas líderes en el despacho de vino a la zona del litoral. En 1965 la bodega de Rivadavia despacha 5.394.000 litros de vino a granel a fraccionadores diseminados por todo el país. Con sus marcas Crespi, Casa de Troya y otras, compiten en el mercado nacional con grandes éxitos de volúmenes siendo ejemplo de la integración vertical del viñedo, la bodega y la comercialización. También podría hablar de mis abuelos maternos y paternos, Don Felipe Rutini y Don Antonio Reina Morente, vitivinicultores del siglo pasado; considero de mejor gusto remitirme a la conferencia pronunciada por el Dr. Edmundo Correas sobre "Los italianos en Mendoza a través de la Historia" y al Álbum Argentino "Gloriandus" de 1910.

La evolución vitivinícola también fue posible con los aportes de distinguidos enólogos : el Ing. Pedro Cazenave, los hermanos Gargiulo, el Dr. Mario Bidone, el Señor Raúl de la Mota, el Padre Francisco Oreglia, el Ing. Leopoldo Suárez y cien más. Como también con el asesoramiento de capaces representantes de Bodega como Don Joaquín Navarro Vives y Don Luis Alberto Casal, entre otros. He leído varios trabajos del año 1910 aproximadamente, donde se destaca la obra de un sinnúmero de pioneros y sus familias. Lamentablemente casi todos ellos o sus descendientes tuvieron que ir dejando la titularidad de su obra en manos de terceros o no pudieron detener la desintegración de la misma. Este hecho lo considero definitorio de la importancia de la tarea realizada, se trabajó los 365 días del año con elementos aleatorios, en un juego permanente del todo o nada, en una lucha continua con el medio, no pudiendo a veces resistir las crisis cíclicas o los embates de los accidentes climáticos. Los que retomaron la antorcha han seguido con el devenir de la vitivinicultura mendocina, mejorándola cualitativa y cuantitativamente. El mundo ya conoce el vino de Mendoza. Es nuestro embajador de alegría, de calidez, de técnicas avanzadas y en especial un mensajero de la ratificación de que la obra, los sacrificios, los afanes de los pioneros no fueron en vano. Su vino ya llega a Medina de Río Seco de Jufré; a la Navarra de los Arizu, a Vigonobo de Giol; a la Galicia de Lemos; a Tours de Pouget; al país de Caravantes, de Cidrón, de Tirasso, de Escorihuela, para proclamar el triunfo en la lucha contra el desierto. Y en un brindis espirituoso se confirmará que aunque los hombres y sus bienes materiales no perduren, su acción ha colocado a la vitivinicultura mendocina en el primer lugar de las tres Américas y en el quinto del mundo.

Fuente: Junta de Estudios Históricos de Mendoza. Conferencia pronunciada por el Dr. Rodolfo Reina Rutini en ocasión de ser incorporado como Miembro de Número de la Junta de Estudios Históricos de Mendoza. Mza, 2 de agosto de 1985.